FAKE NEWS DEL PROTOCOLO Y OTROS DRAMAS

Padecemos una época de fake news, manipulación informativa, cambios en el relato, falta de rigurosidad, opiniones de supuestos expertos… Pónganle ustedes el nombre que prefieran a este drama.

Pero, siendo justos, no podemos culpar a los nuevos tiempos de esta situación que, realmente, es más antigua que el hilo negro. Ya en época de rapsodas y después los trovadores, alguien inventaba un pequeño detalle sin importancia, no sé, pongamos por ejemplo que a alguien le daba por decir que la Tierra es plana. Y aquel dato se extendía dándose por bueno, y pobre aquel que osara desafiarlo. Diferencia importante es que en vez de rumores e inexactitudes compartidas por ancianos con barba, ahora los rumores viajan a golpe de click esparciéndose a la velocidad de la luz por todos los rincones de la Tierra (redonda, por cierto).

Por supuesto, como no podría ser de otra manera, el Protocolo no queda libre de este tornado.

Y a los profesionales, los que trabajamos duro por defender esta profesión, se nos parte el corazón cada vez que leemos en medios de comunicación, supuestamente serios, atentados contra lo que realmente es el Protocolo. ¡Pero ojo! Que los medios sólo reflejan lo que se cuece en la cultura popular.

Si cada vez que algún dato protocolario incorrecto se da por bueno muriera un gatito, los ratones gobernarían el mundo.

Señoras y señores, a continuación una pequeña colección de datos incorrectos, dramas cotidianos que llenan de lágrimas los ojos de los profesionales del Protocolo:

 

LA DUQUESA DE ALBA Y LA REINA DE INGLATERRA.

No he sido capaz de trazar el origen de este rumor. Vamos, que no sé quién se inventó esto exactamente, ni cómo llego a quedar instalado en el imaginario popular como una verdad incontestable. Pero si me bebiera un chupito cada vez que oigo/leo que la reina de Inglaterra debe hacer una reverencia ante la  desaparecida duquesa de Alba porque esta última acumula un mayor número de títulos, posiblemente estaría escribiendo estas letras desde un programa de desintoxicación.

Señoras y señoras, como en el ajedrez, el título de reina vale más que una acumulación de piezas.

En esta imagen tan actual, la duquesa de Alba ejecuta una perfecta genuflexión ante la reina de Inglaterra.
En esta imagen tan actual, la duquesa de Alba ejecuta una perfecta genuflexión ante la reina de Inglaterra.

 

LAS UÑAS ROJAS DE MEGHAN MARKLE.

Pobre Meghan. Como si no tuviera bastante con lo suyo, se ha convertido en el objetivo de la policía del Protocolo. Ha lucido un moño estilo despeinado en un acto oficial. Un latigazo. Se ha puesto un bolso de correas colgado el hombro (en vez de la preceptiva carterita de mano) mientras saludaba a la multitud que se agolpaba para verla. Dos latigazos. Se ha pintado las uñas de rojo oscuro para asistir a una entrega de premios. Al río con un peso atado a los pies.

Hasta que no camine por delante de la reina (sí, como Trump), le de una patada al príncipe Carlos para sentarse en su silla, le quite al duque de Cambridge el microfono para, en pleno acto oficial, cantar “Born in the USA”, o se plante la Corona Imperial del Estado para ir a ver a Serena Williams jugar al tenis, hasta entonces la policía del Protocolo está mejor calladita.

 

EL PROTOCOLO ES SOLO COSA DE REYES.

A vos armes, citoyens!!

¿A sí? ¿Seguro? Entonces entiendo que el presidente de la República Francesa (Re-pú-bli-ca) abre él mismo la puerta del Eliseo y deja pasar a sus ministros que se sientan libremente, en una mesa sin preparar, antes de cada Consejo. Por supuesto, cuando se encuentra con el primer ministro japonés en el G7, Macron le saluda con un gran abrazo porque opina que el tema del espacio personal a los japoneses ni les va ni les viene y no hay nadie que el aconseje lo contrario.

Y la ceremonia de toma de posesión del presidente de los Estados Unidos de América, que congrega una media de 500.000 personas, se produce por generación espontánea, ¿no?.

¿Y las empresas? En las empresas no hay reyes, ni Protocolo. Porque cuando una recepcionista contesta el teléfono dice lo que mejor le parece en cada momento. Se imaginan ustedes llamar al teléfono de atención al cliente de un banco y que le contestaran con un “Hola qué ase?!”

Del mismo modo, las banderas en la puerta de las Naciones Unidas se ordenan de manera aleatoria, y en los Juegos Olímpicos a los deportistas les entrega sus trofeos un señor de Murcia que pasaba por allí.

 

PROTOCOLO Y BUENA EDUCACIÓN.

¿El Protocolo? Ah, sí! Buenas maneras, saber estar, y poco más. No hace falta estudiar tres años de carrera para manejar eso.

Efectivamente, no hacen falta tres años de carrera para manejar eso. Ni tres meses. Ni tres días en ninguna Escuela. Si alguien le intenta colar unos estudios superiores en los que se enseñan buenas maneras, salga corriendo. Rápido. Lejos.

En las Escuelas y Universidades que enseñan Protocolo, en las serias, las de verdad, los alumnos aprenden las bases del márketing y de las Relaciones Públicas, el funcionamiento de las instituciones internacionales, nuevas tecnologías, habilidades de comunicación, técnicas de organización y planificación de eventos.

A decir buenos días, buenas tardes, a dar las gracias y pedir las cosas por favor, se aprende en casa. O en su defecto, en el cole cuando somos pequeños. El protocolo es una profesión moderna, que se estudia en instituciones de calidad.

Las buenas maneras no son patrimonio del Protocolo. Es más, podría dar varios nombres de profesionales del Protocolo que son realmente desagradables, antipáticos y, ¡Oh, Dios Mío!, maleducados.

Y esto me lleva al siguiente falso mito protocolario.

EL PERFIL DEL PROFESIONAL DE PROTOCOLO.

“El de Protocolo debe de ser ese, míralo, míralo!!” Encorbatado, engominado, estirado como si se hubiera tragado el palo de una escoba. “O quizá sea esa señora, esa de allí!” Collar de perlas, peinado lacado como si fuera un Playmobil, y meñique levantado mientras bebe una taza de té.

Altivos, inflexibles, rígidos, pijos….Ahhhh, los estereotipos….

Repitan conmigo: “Los de Protocolo no vivimos en Dowtown Abbey, somos profesionales de la comunicación”.

 

¿Saben qué? El de Protocolo es ese señor que cinco minutos antes de que se abran las puertas está de rodillas en el hall del auditorio limpiando una intrusa mancha que, a última hora, ha aparecido en el suelo. La de Protocolo, es esa señora que hace equilibrios en una banqueta porque un foco se ha soltado y, a dos minutos del inicio del acto, no hay nadie a mano que pueda arreglarlo.

¿Y saben qué más? Ambos lo hacen con una sonrisa, porque son conscientes de que tienen el trabajo más bonito del mundo, aunque a veces (muchas) resulte monstruosamente estresante, a pesar de que siempre tengamos que hacer frente a estereotipos ridículos y luchar contra la lacra del intrusismo profesional.

 

 

 

 

 

La verdad, me ha costado seleccionar sólo cinco ejemplos de estas “verdades absolutas e incontestables” sobre el Protocolo, que campan a sus anchas por el imaginario popular y que suelen asomar la nariz en los medios de comunicación. Pero después de mucho pensar, creo que estos cinco son mis bestias negras. Porque lo de saltarse el Protocolo da para mil posts en el blog, una enciclopedia, una terapia de grupo y hasta una estatua en la Plaza Mayor. Pero ahora mismo no tengo tiempo, tengo que ir a discutir con los Tierraplanistas y con los que dicen que el Protocolo no sirve para nada.

 

Recomendaciones express de I Love Protocolo:

.- Es normal tener dudas sobre un tema que no se domina. Traten de acudir a expertos acreditados para resolver sus dudas… O irían ustedes a un auto proclamado dentista a que les cure el dolor de muelas?

.- Y a mis colegas: ánimo queridos. No estáis solos. La lucha continúa. Y los versos de Santa Teresa que mi madre repite sin cesar “Nada te turbe, nada te espante…la paciencia todo lo alcanza” Eso y lingotazo de algo fuerte (también consejo de mi estupenda señora madre) Y funciona, oiga!!

 

Señoras y señores, gracias por leerme.

 

 

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