Los secretos de protocolo de los Oscar que nadie cuenta

A los adictos a los grandes eventos que estamos a este lado del charco nos tocan unas cuantas desveladas a lo largo del año. De todas esas noches sin dormir mi favorita es, sin duda,  la noche de los Oscar. Estrellas, show, glamour, números musicales, momentos emocionantes… y también una carga de Protocolo y Planificación que no todo el mundo conoce. Y es que, igual que en cualquier súper producción de Hollywood, entre bambalinas se trabaja al máximo nivel para hacer soñar al espectador. Señoras y señores, estos son los secretos de Protocolo de los Oscar:

Con los ojos del universo deseosos de ver a sus estrellas favoritas, la organización no puede permitirse cometer el más mínimo desliz. Así, un enorme equipo, que maneja un presupuesto de 25.000 dólares, se afana para que todo salga a la perfección. Como en todo gran evento, en este equipo participan profesionales de diversos ámbitos: desde responsables de la Academia, a los encargados de velar por la seguridad de las joyas deslumbrantes (prestadas por firmas de alta joyería) que lucen las estrellas, o los asistentes encargados de recolocar los bajos de los vestidos de las actrices a cada paso para que las fotografías salgan perfectas.

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A falta de asistente, quédate con quien te coloque el vestido como John Legend a Chrissy Teigen.

El personal de organización es fácilmente reconocible. Aunque tratan de camuflarse lo máximo posible para no arruinar la estética de la alfombra roja, son los únicos que conjuntan su smoking o traje largo con una enorme acreditación que les identifica como staff organizativo. También tienden a combinar su modelito de la noche con zapato plano o incluso zapatillas, ya que un Louboutin de 12 centímetros no parece lo más práctico para horas y horas de trabajo sobre la alfombra.

La llegada de las estrellas a la alfombra roja puede ser una auténtica pesadilla logística que necesita de la coordinación entre Academia y publicistas de las estrellas. Semanas y semanas de trabajo, diseñando un orden de llegadas que evite la tragedia. Por poner un ejemplo, no interesa que coincidan sobre la alfombra dos nominados que luchan por la misma estatuilla. En cambio, una feliz coincidencia sería la de un director y su actor fetiche, o un posado de alguna pareja mítica de la gran pantalla (Julia Roberts y Richard Gere, independientemente de los siglos que hayan pasado desde el estreno de Pretty Woman,  o Leo y Kate por ejemplo).

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Nos sigue gustando ver a Kate y Leo juntos en la alfombra roja, aunque ella no le dejara subirse a aquella tablita…

Regla de oro es evitar que dos ex compartan momento alfombra. Aunque sería un momentazo mediático, Jennifer Aniston no quiere aparecer junto a Brad Pitt (y mucho menos junto a Angelina…¿ se imaginan ustedes?), ni Melanie tiene ningún interés en pisar la alfombra al mismo tiempo que Antonio Banderas y acompañante. La única manera de evitar este tipo de desagracias es que la organización diseñe un minucioso plan de llegadas.

Aunque la alfombra roja es igual de larga para todos, unos 150 metros, no todos tardan lo mismo en cruzarla. La realeza de Hollywood, las megaestrellas y los nominados de ese año son los que más interés mediático despiertan y todos los medios quieren sus imágenes y declaraciones.

La organización lo sabe y por eso calcula, en el plan de llegadas, que es necesario adjudicarles más tiempo para atravesarla. Para que este proceso tampoco se eternice y retrase el comienzo de la gala, los organizadores cuentan con la complicidad de los publicistas de las estrellas, que van guiando a los actores hacia los puestos de entrevistas y calculan el tiempo que le dan a cada periodista. También están preparados para rescatar a sus clientes de momentos delicados ante posibles preguntas incómodas (Quién ha diseñado tu vestido, sí. Qué opinas sobre la nueva pareja de tu ex, no)

Sea como sea, otra de las reglas de oro de la alfombra roja es caminar despacio y con cuidado. Ninguna estrella quiere “hacer un Jennifer Lawrence” y caerse en pleno paseíllo alfombril.

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Que tire la primera piedra quien no haya tenido un tropezón inoportuno como Jennifer Lawrence.

 

La televisión sólo nos enseña imágenes que nos hacen soñar, de vestidos perfectos y joyas relucientes pero no se crean ustedes,  la realidad es un poco más dura. Para que la ceremonia pueda comenzar a la hora prevista, la alfombra roja se abre a las dos de la tarde (hora Los Angeles). El domingo de Oscar a las estrellas les toca pegarse el madrugón para empezar su Operación Glam Up (maquillaje, peluquería, etc…) Después, tendrán que esperar la cola infinita de limousinas sobre Hollywood Bulevard aguardando su turno para desencochar y acceder a una especie de tienda de campaña al inicio de la alfombra. Aquí se darán los últimos retoques, traguito a bebida isotónica (o algún otro veneno de su preferencia) y se asegurarán de que están perfectos para ponerse frente a las cámaras para que comience uno de los mayores espectáculos del mundo.

Recomendaciones express de I Love Protocolo:

.- Para seguir la ceremonia desde casa, palomitas y champagne.

.- Para descubrir lo que ocurre en la after party más mítica, el libro “Oscar Night: 75 years of Hollywood parties from the Editors of Vanity Fair”.

Señoras y señores ¿la magia del cine? Sí, y también la magia de la planificación de eventos.

Gracias por leerme.

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