LA VIDA SECRETA DE LAS BANDERAS

Una de las cosas que más me llama la atención en este apasionante mundo del Protocolo, es cuando alguien acusa a alguien (disculpen la indeterminación, pero mi madre me enseñó  que está feo señalar con el dedo) de haberse equivocado al ubicar una bandera. ¿De verdad?¿En serio? ¿Un profesional del Protocolo que no sabe colocar banderas?

Lo siento, pero no. Y miren que yo creo hasta en el Ratoncito Pérez y en el Leprechaun de St. Patrick, pero esto no cuela.

Seriously? Hillary tampoco se lo cree..

He impartido miles de horas de formación sobre tratamiento y ubicación de banderas. Tengo muchísimos amigos profesionales en el mundo del Protocolo Oficial. Puedo afirmar que un profesional del Protocolo con una sólida formación (si no, no sería profesional) no se equivoca a la hora de ubicar una bandera.

 

Lo que es igual de cierto, es que sí hay banderas colocadas en el 1 cuando deberían estar en el puesto 3, hay banderas ausentes de los balcones de edificios oficiales, hay banderas que se izan boca abajo… En fin, una serie de catastróficas desdichas en cuanto al tratamiento protocolario de las banderas se refiere.

 

¿Y entonces, cómo se reconcilian ambas cosas? ¿Cómo llegamos a un final feliz?

 

Empecemos por el principio: ¿qué es una bandera? Pues un trozo de tela, más o menos colorido. Y se preguntarán ustedes ¿tanto lío por un pedacito de tela? Pues sí, porque ese trozo de tela representa algo importante para un grupo de personas. Me da igual que sea una bandera nacional, regional, la bandera pirata, la de los Boy Scouts o la del Real Madrid. Esas banderas representan algo importante para un grupo, más o menos numeroso, de personas. Y en mi libro, eso siempre merece un respeto.

Pero además de su poder simbólico y representativo, una bandera es una poderosa herramienta de comunicación que tiene la capacidad de lanzar mensajes sin necesidad de utilizar palabras. Ah…y pensábamos que solo de etiqueta vive el hombre!

 

Las banderas, esos trocitos de tela, hablan y lanzan mensajes a quien las sabe escuchar. Desde luego, a los profesionales del Protocolo les hablan a gritos. ¡Bienvenidas sean las banderas en las estrategias de Comunicación!

Las estrategias diseñadas van desde la versión más sencilla, como el estandarte real que ondea en Buckingham comunicando a las olas de turistas que abarrotan Londres que la reina está en palacio.

La bandera nos dice que Her Majesty está en casa…¿nos invitará a un té?

O versiones mucho más sofisticadas, como esa bandera de la Unión Europea que va un poco como perro sin dueño (y disculpen la comparación, les prometo que no estoy buscando un like de Theresa May) y tan pronto vive en el puesto 1, la desplazan al 2 o incluso la desahucian.

No, no es un fallo de Protocolo. Los profesionales saben perfectamente lo que están haciendo. Es una estrategia de comunicación.

¿Que toca lanzar un mensaje europeísta? Bandera de la UE en el 1, por delante de la bandera del país. ¿Que interesa más reforzar el discurso nacional? Ahí va cayendo la bandera europea en el pódium del Protocolo. ¿Que no quiero ver a Bruselas ni en pintura? Bye, bye bandera de la Unión.

 

Por supuesto, para poder diseñar y aplicar estas estrategias hay que ser un profundo conocedor del funcionamiento protocolario de las banderas. O sea, para decidir desplazar una bandera de la ubicación protocolaria que le corresponde hay que ser capaz de calibrar el mensaje y sus consecuencias. Si no, estamos ante una chapuza. Ahora sí, ante un error de Protocolo ejecutado por alguien que no tiene ni idea de Protocolo.

 

Y es que hay ocasiones en las que encontrarle el sentido a las estrategias es mucho más complicado. Si la posición de la bandera y su consecuente mensaje no casan con el discurso político que se está verbalizando, entonces habemus funcionario despistado o intruso que se hace pasar por profesional de Protocolo.

Al hilo de esto, una de mis anécdotas favoritas ocurrió en una cumbre de naciones del Sudeste Asiático que se celebró en 2010 en Nueva York. Yo no sé si alguien del equipo de organización del evento perdió una apuesta la noche anterior (ya saben, del tipo “a que no te atreves a…”) pero el caso es que la bandera de Filipinas ondeaba boca abajo. Hubiera quedado en anécdota sin más, si no llega a ser por un pequeñísimo detalle sin importancia: cuando la bandera de Filipinas ondea boca abajo significa que la nación está en guerra. Upssssss.

 

Upssssss, “pequeño detalle sin importancia”

Ahí tenemos, entonces, a ambos presidentes trabajando sonrientes por el fortalecimiento de las relaciones diplomáticas y comerciales de los dos países, mientras la bandera cantaba una canción bastante diferente.

 

En el “Universo bandera” debemos ser escrupulosamente cuidadosos con el tema de la creatividad. Para lanzar nuestros mensajes podemos caer en la tentación de olvidarnos del pedacito de tela y ser los más creativos del barrio. A veces sale bien, véase por ejemplo las banderas francesas realizadas con el humo de los aviones de combate en el desfile del 14 de julio en París. Ningún problema. No hay tela pero sí hay sensación de honor y respeto a la bandera.

Pero después hay banderas que se usan como cortinilla para descubrir una placa, como cinta de inauguración, como capa de Superman (el tema de las banderas en los eventos deportivos daría para una enciclopedia) o incluso como alfombra. Habrá gente a la que le guste, pero también va a haber otras personas, para las que esa bandera signifique algo importante, que se sientan ofendidas por ese uso “creativo” de la misma.

Y después está el caso de Paulina Rubio, a quien le pareció una buena idea posar para la portada de una revista, desnuda y envuelta en la bandera de su país. Su creatividad le costó las críticas feroces de sus paisanos, el boicot a sus discos, una disculpa pública y una multa de 53.000 pesos mexicanos impuesta por la Secretaría de Gobernación…

“Analizándote a ti, te veo más loco que yo”

 

Últimas reflexiones y recomendaciones express de I Love Protocolo:

Para no marcarse “un Paulina”, en la Escuela Internacional de Protocolo pensamos que lo mejor es preguntarse si alguien se puede sentir ofendido por el uso creativo que le estamos dando a una bandera. Si la respuesta no es un NO automático, mejor optar por otro recurso decorativo. ¿Qué necesidad de meternos en líos?

Para conocer más sobre el apasionante mundo de las banderas, conozco a un auténtico sabio del tema. Sigan a mi compañero Diego Zala.

Para tomarse las cosas con humor, la iniciativa en redes de otra grande, Diana Rubio, creadora del movimiento #fakeflags.

Señoras y señores, esta es la vida secreta de las banderas, este es el poder que guardan en su interior y que ponen a disposición de aquel que lo sepa utilizar. Los demás, quizá mejor que vuelvan a clase (o vayan por primera vez)

 

Gracias por leerme,

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s