HOY HE DEJADO MI TELÉFONO PARA NO LLAMARTE (PARA NO LLAMARTE)

Señoras y señores, comienzo con una confesión: he estado pensando mucho si escribir este post. Debatiendo conmigo misma si verdaderamente era relevante. Cuestionando la necesidad real de tratar el asunto en este foro. Y al final ha ganado el sí.

 

Me he inclinado hacia el sí tras recibir por enésima vez y por cuarto año consecutivo el chistecito “Según el Protocolo, en la cena de Nochebuena ¿el móvil se coloca a la izquierda o a la derecha del plato?” Ruego encarecidamente que nadie me lo vuelva a enviar, a riesgo de desencadenar una reacción propia de un Gremlin al que le dan de comer después de la medianoche, porfavorgracias.

 

¿Qué hacer, entonces, con el móvil cuando nos sentamos a la mesa?

 

“No sin mi teléfono”

Que nadie confunda lo que voy a escribir a continuación con “normas o reglas” de Protocolo. Ni siquiera con “pautas protocolarias”. Porfavorgracias.

Aquí van las reflexiones de una experta en Protocolo sobre el uso del teléfono móvil en la mesa.

Lo que me pide el cuerpo es gritar a los cuatro vientos que a la hora de sentarse a la mesa, el móvil debe desaparecer. Nuestra atención tiene que estar centrada en el resto de comensales, en el delicioso menú que tenemos delante, el  magnífico vino, la decoración del restaurante, el ambiente… y no en la pantalla. Es el famosísimo mindfulness, el disfrutar del aquí y el ahora.

¿Hay algo más desagradable que estar cenando con una persona, intentando mantener una conversación o contándole algo importante y que esta no despegue la nariz de la pantalla del móvil?

Ahora bien, tampoco se trata de demonizar los teléfonos que, en principio, están aquí para hacernos la vida más fácil.

¿Qué ocurre si realmente necesitamos utilizarlo? ¿Qué pasa si estamos esperando una llamada/mail de trabajo y no podemos desentendernos? ¿O si tenemos un familiar hospitalizado y hay que estar pendiente? ¿Y si estamos esperando ESA contestación de whatsapp que puede hacernos pasar de absolutamente desagraciados en una vida sin amor, pensando que moriremos solos rodeados de gatos, a la persona más feliz del mundo?

Ante esas situaciones lo mejor es avisar antes de sentarnos a la mesa. “Me vais a perdonar, pero estoy esperando una llamada importante y es posible que tenga que atender el teléfono durante la comida”. La profundidad de la explicación que ofrecemos irá desde el “es un asunto de trabajo” hasta el “tía, tía, tíaaaa, que no me contesta al whatsapp y me quiero morir” dependiendo del grado de confianza que tengamos con los otros comensales.

Entonces, procedemos a poner el móvil en modo vibración y o bien guardarlo en el bolsillo de la chaqueta, bien colocarlo en el regazo bajo la servilleta. Así, podremos enterarnos de que nos buscan sin que el último éxito de Rosalía retumbe por todo el restaurante.

Si vamos a mantener una conversación a través del móvil, lo ideal sería levantarnos de la mesa y volver a pedir disculpas. “Perdón, es la llamada que estaba esperando” o “Es él!!!  Es éeeeel!!!”. En atención al resto de comensales, sería bueno pedirles que sigan comiendo mientras nosotros estamos al teléfono.

No obstante, debemos ser consecuentes con la realidad en la que vivimos. Esto es lo que desde la Escuela Internacional de Protocolo reclamamos sin cesar. El Protocolo tiene que adaptarse, abordar las  cosas que ocurren ahora, las costumbres actuales. Así que, siendo realistas, no se pueden prohibir los teléfonos móviles (de hecho el Protocolo no prohíbe casi nada, contrariamente a lo que mucha gente piensa) porque se han convertido prácticamente en una extensión de nuestros brazos.

El uso del teléfono móvil no da signos de ir a menos, si es caso se intensifica en la “Generación Touch”, aquellos que son aún más jóvenes que los Milenials (Sí, los hay. No como yo que tengo a los Gremlins como referentes culturales… Pero no os riais mucho, queridos, que vosotros también os haréis viejos como yo). Jóvenes que tienen el teléfono tan integrado en su rutina diaria que no tiene ningún sentido el tratar de eliminarlo. De esos polvos vienen los lodos de “El Protocolo es cosa de viejos, algo muy antiguo que solo sirve para los reyes”.

 

Generación Touch. Nacen aprendidos

Entonces, con este panorama, mi propuesta sería pactar algún momento para su uso común durante la cena. Por ejemplo, cuando sirvan el primer plato hacemos “momento foto” y las subimos a las redes. O, antes del postre “momento chequeo general a ver si la nanny ha confirmado que los niños siguen vivos”.

Podemos diseñar miles de opciones. Se trata de integrar una nueva costumbre en las situaciones sociales. Al fin y al cabo, el Protocolo viene de la costumbre y la tradición. Si estas cambian y nosotros seguimos con la venda en los ojos el futuro del Protocolo pinta tan negro como esos días en los que se te acaban los datos.

Recomendaciones express y últimas reflexiones de I Love Protocolo:

En realidad, este post es en sí mismo una reflexión que genera recomendaciones. Así que, de cara a las comidas y cenas que se nos vienen por Navidad les digo:

Señoras y señores, disfruten de estos días. Si tienen la suerte de estar rodeados de todos sus seres queridos en la mesa, denle un descansito al móvil. Pero no lo demonicen, ya que para algunos nos supone la posibilidad de tener un poquito más cerca, aunque sea a través de una pantalla, a aquellos que están demasiado lejos como para sentarse a nuestra mesa.  A todos ustedes, Felices Fiestas.

Gracias por leerme.

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